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Educación Cristiana

Analizando el contexto actual, observamos que los pueblos de diferentes razas, naciones, estados, lenguas, y culturas intentan sobrevivir y auto-sostenerse en medio de una globalización y postmodernismo cada vez más crudo que “eliminan” y “discriminan” al ser humano, incluyéndolo en el mundo en un sentido, pero a la vez aislándolo de posibilidades concretas de bienestar, formación, superación y aún de una correcta educación.

Consecuentemente, los valores tradicionales son cada vez más cuestionados, la disfunción familiar se fortalece, los roles se invierten en la sociedad, la violencia, la corrupción y la inmoralidad ganan más espacio en las instituciones y en el corazón del hombre que se cree bueno en sí mismo y que todo lo puede. Esto lo lleva a vivir por sus propias reglas, sin límites concretos entre lo bueno y lo malo, siendo todo igualmente relativo.

Esta sombría realidad ha sido siempre la misma, tal y como lo expresara el sabio Salomón “...nada hay nuevo debajo del sol...” (Eclesiastés 1:8). Hoy como ayer el hombre con las manos toca la luna y las estrellas, pero sus pies continúan hundidos en el lodo de sus propias  limitaciones y debilidades. Los marcos cambian pero el hombre sigue siendo el mismo.

Frente a toda esta realidad, nace la imperiosa necesidad de volver a los conceptos bíblicos de la Palabra de Dios siempre vigente, actual, aplicable a toda cultura, época, pueblo y nación; que permanece a través del tiempo, haciéndose reales las palabras en ella escritas, “... sécase la hierba, marchítase la flor, mas la Palabra de Dios permanece para siempre” (Isaías 40:7).A pesar que en los 2000 años de historia d.C., la Biblia siempre fue cuestionada y atacada, habiendo soportado persecuciones, herejías y destierros, nunca fue sepultada definitivamente. Al contrario, la Palabra de Dios irrumpió en el tiempo, la cultura y los corazones de los seres humanos, levantándose diáfanamente como la Verdad de Dios; habiendo permanecido no solo en páginas y en bibliotecas religiosas sino en la vida de tantos hombres, que con su ejemplo han mostrado al mundo la veracidad de la misma.

Nuestra tarea educadora es evangelizadora, ya que implica alumbrar con la verdad para alcanzar la libertad: Dijo Jesús a los que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi Palabra...conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Jesucristo, caminó por pueblos y aldeas brindando a la humanidad el camino hacia la verdadera liberación, afirmando contundentemente“Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por Mí.”

Nuestras Instituciones educativas, siempre han sostenido la necesidad impostergable de educar transmitiendo los valores y virtudes enseñados por Jesucristo y  enunciados en la Biblia, que no es una religión sino principios y pautas  que en el marco de la Fe, no solo pueden guiar al éxito personal, sino también al familiar, social y aún nacional para el pueblo que descubra en ella el verdadero valor moral.

Por ello es que en nuestras aulas no se dicta “religión”, entendiéndose la misma como la estructura de un credo lleno de premisas y condicionamientos particulares, sino que se brinda Educación Cristiana constituida por conceptos éticos, morales y espirituales que, aplicados a la vida del niño, adolescente y el joven les capacita para un desempeño social en el presente y en el futuro, lejos de la corrupción, la violencia y la inmoralidad.

La Educación Cristiana en nuestras instituciones no tienen como fin instar al alumno a abrazar la religión evangélica, ni un credo humano, sino a recorrer la Biblia en toda su extensión, sencillamente como el manual que Dios nos dejó para guiarnos en todos las áreas de nuestra vida, permitiendo que cada alumno descubra en ella las verdades espirituales aplicables a su propia vida.

Ese recorrido nos permite incursionar en la historia de la Biblia, su cultura, sus personajes, su aspecto ético y moral, a través del cual se instruye al alumno, de tal manera que vea la necesidad de reconocer sus limitaciones como ser creado; el respeto por los mayores y las autoridades; los beneficios de la libertad, la solidaridad, y el trabajo como fuente de toda prosperidad; vigilar y atender las necesidades del prójimo; la vocación por la  ciudadanía y la búsqueda de la justicia, haciéndose  cada uno responsable de sus actos sabiendo que no solo está bajo las “normas humanas” sino bajo la incansable mirada de Dios Creador, que puede perdonar y restaurar cualquier corazón humillado y quebrantado que comprenda la obra de Cristo en la cruz, y permita que el Espíritu Santo obre en su vida.” (Salmos 115).

Hemos observado el éxito de estas verdades aplicadas a la vida, que han logrado construir hogares desechos, liberar a jóvenes adictos; reinsertar a niños abandonados, contener y restaurar a adolescentes agresivos y violentos; y otras tantas vidas animadas, consoladas, orientadas, potenciadas  con un futuro más promisorio, como dice San Pedro “...con buena calidad de vida” (1º Pedro 2:12).

Nuestro Complejo Educativo no se satisface solo en enseñarle al alumno cómo ganarse la vida, sino a “cómo vivir”. Es por esto que,  mientras las instituciones humanas creen que para cambiar la vida del ser humano se necesitan más y mejores leyes, metas morales, cultura, policías, cárceles, más maestros,... nosotros decimos... “más Biblia” que es lo único que puede cambiar el corazón del hombre...San Juan 3: 16 – 18.